El peaje de la muerte en una provincia olvidada

 
Esta yipeta Toyota Land Cruiser accidentada en septiembre de 2005 en la estación de peaje en construcción de La Penda, La Vega, era conducida por el empresario Fermin Diaz, quien murió en el acto. Luego de este han ocurrido otros accidentes trágicos en ese lugar.
Esta yipeta Toyota Land Cruiser accidentada en septiembre de 2005 en la estación de peaje en construcción de La Penda, La Vega, era conducida por el empresario Fermín Díaz, quien murió en el acto. Luego de este han ocurrido otros accidentes trágicos en ese lugar.

POR INGENIERO SAMUEL DE MOYA G.
Especial para El Nacional

LA VEGA.- A sólo diez kilómetros de la Zona Franca de La Vega, en la sección La Penda, y exactamente a catorce kilómetros y medio de nuestra Catedral, está situada una estación de peaje que lleva más de cuatro años en construcción y que gracias a Dios nunca termina, en virtud de que de ser terminada una gran población de veganos tendría que gastar parte de sus escasos recursos circulando día a día en su mismo entorno municipal.

Este descabellado proyecto fue concebido originalmente como una estación de pesaje, pero presumo que algún funcionario o contratista amante de  “las buenas obras” hizo que prosperara la “brillante” idea de torcer el proyecto original y estimular en el lugar la edificación de un peaje que hasta la fecha ha requerido la inversión de una cantidad desconocida de millones de pesos de los recursos que el Estado obtiene por concepto del pago de los impuestos que el pueblo dominicano paga religiosamente.

Esta improvisada obra es tan irritante e innecesaria que el actual Gobierno, aún cuando ha adelantado la misma hasta ponerla a nivel de terminación en el cuatrienio 2004-2008, no se ha atrevido  a ponerla en operación. No obstante, la parte más penosa está constituida por la cantidad de accidentes automovilísticos  trágicos que se han producido en ese lugar, cobrando muchas vidas humanas.

Algunas de las personas consultadas que viven o tienen negocios próximo a este punto indican que las muertes por impacto de vehículos con los muros New Jersey (de hormigón), los cuales se mueven  como piezas de ajedrez y están diseminados torpemente en ambos extremos de la estación, y sin señales  de tránsito anticipadas claras y visibles, oscilan entre 15 y 25. 

Cuando paso por ese lugar no hay una ocasión en la que no me pregunte cuántas muertes más tendrán que ocurrir para que una autoridad competente sea capaz de empezar a valorar la  vida humana. He tenido la oportunidad de visitar otros países donde el ser humano es colocado en primer plano, y en situaciones similares colocan señales de tránsito varios kilómetros antes de llegar al lugar en estado de reparación o intervenido, para de esa forma evitar que la muerte sorprenda a los conductores y acompañantes.   

Pero, como si todo lo anterior fuera poco, en la edición de Listín Diario del 21 de julio, aparecen unas declaraciones con la imagen fotográfica de un secretario de Obras Públicas sonriente, ingeniero Víctor Díaz Rúa, indicando que el programa Vías Dominicanas (VIADOM) contempla realizar el nuevo asfaltado de la autopista Duarte.

Además de la carretera 6 de Noviembre que comunica a Santo Domingo con San Cristóbal, la construcción de la circunvalación de Santiago y la ampliación de la carretera Navarrete-Puerto Plata, con una inversión de  300 millones de dólares ofrecidos  por  empresas concesionarias, y con un retorno de los fondos invertidos que será generado en los peajes que se pondrán a funcionar, uno en la carretera Navarrete-Puerto Plata, y otro, en La Penda,  La Vega. 

Todo parece indicar que en La Vega perdimos la capacidad para reclamar nuestros derechos; todo parece indicar que los veganos no tenemos autoridades que nos representen; todo parece indicar que la provincia de La Vega no existe en el mapa de la arquitectura de desarrollo que el Gobierno tiene en sus manos para hacer las inversiones públicas; todo parece indicar que quienes nos gobiernan en la parte local, cuando están frente al presidente Leonel Fernández, emulan a aquel famoso diputado vegano que una vez le dijo a Trujillo: “Señor Presidente, La Vega no necesita que se le construya un acueducto porque el río Camú está muy cerca”.

Todo parece indicar que existe el interés de burlar la inteligencia de la comunidad provincial de La Vega, presumiendo que somos unos perfectos tontos y que sólo servimos para generar votos e impuestos.

¿Cómo es posible que se pretendan realizar inversiones en obras en el territorio nacional por la suma de 300 millones dólares (Más de 10,000 millones de pesos), cuyo retorno será aportado en más de un cincuenta por ciento por una estación de peaje que está en las mismas entrañas del municipio de La Vega, y que no se contemple utilizar un solo centavo en obras para nuestra provincia?

 Tal parece que el secretario Díaz Rúa entiende que los pueblos de Constanza, Jarabacoa, Jima y La Vega no necesitan mejorar sus calles y carreteras,  y que tampoco necesitan construir otras nuevas.

 Si el titular de Obras Públicas no lo sabe, los veganos necesitamos construir unas entradas más dignas para acceder a  la ciudad desde la autopista Duarte,  conectar la avenida Imbert con  la urbanización La Primavera, repavimentar la avenida Pedro A. Rivera y continuar su isleta central, reiniciar la presa de Guaigüí, terminar la prolongación de la avenida García Godoy, sustituir badén por un puente sobre el río Camú en El Hatico, construir la avenida Circunvalación Sur ciudad de La Vega.

Además, construir en varias zonas de  la provincia acueductos y proyectos habitacionales para personas de escasos recursos, y reconstruir calles de muchas barriadas pobres de Constanza, Jarabacoa, Jima y La Vega. Adicionalmente, reconstruir las carreteras El Río-Jarabacoa y Constanza-Valle Nuevo-Ocoa, entre otras obras necesarias en la provincia.

Debo aclarar que no me opongo a que se inviertan recursos en las obras citadas fuera de mi provincia, pero como dominicano y ciudadano de la comunidad que me vio nacer, crecer y desarrollarme siento profunda pena al observar que en mi país aún estamos lejos de implementar una distribución del gasto público más justa y equitativa y menos caprichosa.

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