El fracaso del gabinete eléctrico

El fracaso del gabinete eléctrico

 
Antonio Almonte
Antonio Almonte

En tiempos de la CDE de don Julio Sauri y el doctor Joaquín Balaguer, mucha gente creía que el problema del servicio eléctrico dependía  de quien fuera el administrador de la Corporación. 

Naturalmente, el tiempo y las experiencias vividas nos han enseñado que las causas de las crisis eran y continúan siendo esencialmente estructurales, relacionadas con la organización y la regulación del sector y su debilidad institucional.

Pero, no obstante al carácter estructural de la crisis eléctrica, no se debe minimizar el hecho de que la visión y los compromisos de los burócratas influyen en la imagen y el rendimiento del sector que dirigen. 

En ese sentido, puede observarse que el llamado Gabinete Eléctrico del gobierno luce agotado y atrapado en un retornelo compuesto  de parches intrascendentes y repetición de promesas que nunca se cumplen.

Podemos resumir ese fracaso en los siguientes elementos:

1. En cuatro años no ha sido capaz de focalizar y transparentar los subsidios del sector. En lugar de ello ha distorsionado y empeorado el que encontraron, puesto que el Programa de Reducción de Apagones (PRA), aparte de ser concebido como algo provisional,  apenas si representaba el 8% de energía servida a los barrios en el 2004 y hoy representa el 12% y cuenta con una creciente parafernalia burocrática y de personal. El actual esquema de subsidios cruzados que llega hasta un consumo de 700 Kwh por mes es excesivo y sin comparación en el resto de América Latina.

2. Mantiene una grave confusión institucional, tal que no se sabe cuál es la institución reguladora, si la Superintendencia o la CDEEE; y cuál tiene la función de formular las políticas de expansión e inversiones en el sector, si la CDEEE o la Comisión Nacional de Energía (CNE). La CDEEE se ha engullido a las demás instituciones y en lugar de una corporación empresarial, sujeta a regulación, –como establece la Ley– y sin potestad legal para  formular políticas y fijar precios, en la práctica actúa como el Gran Jefe. La CDEEE hace licitaciones, renegocia contratos, anuncia congelamiento o aumento de tarifas, maneja el subsidio PRA y representa al Estado en contratos y negociaciones. Ese  embrollo institucional en el lado del Estado es uno de los obstáculos principales para el flujo de inversiones privadas de calidad en el sector.

3. Desde su llegada al poder, el Gabinete asumió como estrategia principal lograr la instalación de dos nuevas plantas generadoras a carbón con la finalidad de abaratar el costo promedio de generación y de paso conseguir recursos adicionales para financiar parte de sus compromisos con el contrato de Cogentrix. Pero, el Gabinete pretendió lograr esas inversiones (1200 millones de dólares) sin antes mejorar la capacidad de facturación y de cobro de las distribuidoras. La pretensión falló y solo han aparecido ofertas con base a contratos que resultarían leoninos para el país. Ese fue un grave error estratégico debido a que el eslabón clave de la crisis eléctrica no es el sector generación, sino el de distribución y cobro. Si las empresas distribuidoras estuviesen cobrando por encima del 85% de la energía que entregan al público, entonces las inversiones en generación llegarían de manera espontánea. Más aún, es probable que las empresas tenedoras de los contratos se mostrasen en disposición de renegociar para expandir sus inversiones en generación, desestimular la entrada de nuevos competidores y aprovechar el alto nivel de recuperación de efectivo de las distribuidoras. Hoy, en promedio, las distribuidoras permanecen con casi el mismo nivel de deficiencia del 2004, apenas cobran un poco más del 50% de la energía que compran. En cuatro años el déficit apenas si se ha movido. La pretensión de corregir eso mediante generación de bajo costo es equivocada, porque como hemos visto, esa generación no llegará, precisamente porque no hay confianza en las distribuidoras.

 Fruto de sus errores, el gabinete ha perdido credibilidad y va quedando como un equipo de funcionarios superado por las tareas y que a veces, atormentados por las críticas, solo atinan a gritar: ¡El Acuerdo de Madrid! ¡El Acuerdo de Madrid!

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