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Ese carburante en sus calidades Premium y regular bajarán 12,60 pesos (unos 36 centavos de dólar) la primera y 10,30 pesos la segunda, un ahorro que siempre es bienvenido.
La cuestión radica en el precio: el combustible Premium se venderá a 168,40 pesos, es decir unos 4,80 dólares por galón, casi el doble que en Estados Unidos, por ejemplo y salvando las distancias salariales, que son abismales.
Medios de la oposición, incluido el ex presidente Hipólito Mejía, critican la tibieza de las disminuciones en los precios decretadas la semana pasada y a partir de mañana y centran sus disparos en los altos gravámenes a los carburantes.
Sus detractores, que son muchos, le recuerdan el desastre económico que fue su gestión, la cual culminó en la casi bancarrota del país por un mega fraude bancario cuyas repercusiones aún se perciben.
Mejía asegura que el galón de gasolina debería costar no más de 50 pesos y que las autoridades perciben unos 70 pesos por cada galón que va a los tanques y de ahí a complicar aún más la contaminación ambiental.
Pero la historia no termina ahí: las bajas en los precios tienen implicaciones que tocan a otros sectores, en especial los transportistas colectivos, base y sustancia de la movilidad de los dominicanos de a pie, que son los más, como era de esperar.
Los “concheros” dominicanos, caóticos y musicales, con sus vehículos desvencijados que a veces mantienen sus carrocerías en homogeneidad precaria por el abundante uso de cinta adhesiva, son el terror de las calles dominicanas.
Para la inmensa mayoría de ellos, las leyes del tránsito son una abstracción filosófica a la que resulta ocioso dedicar mucho tiempo y aplican ese razonamiento a su temeraria forma de conducir.
Dueños de las calles, también lo son de muchas de las aceras de las avenidas más concurridas en las que esperan a sus usuarios para lanzarse con las radios a toda voz a nuevas aventuras por la ciudad, que es su coto particular.
A principios de año, al comienzo del alza incontenible de los precios de los combustibles, los sindicatos de transportistas, que abundan más que el pasto en estos tiempos de lluvias, casi provocan una guerra civil en demanda de subvenciones.
Presionadas por los gremios, las autoridades concedieron varias de sus demandas, aunque sin mucho éxito porque, a la postre, los “concheros” elevaron las tarifas…y ahí se quedaron.
Los pasajeros, que no tienen sindicato, se quejan, pero sus reclamos se los lleva el tórrido viento del otoño dominicano.
